miércoles, 17 de julio de 2013

Soy

Orquídea Fong

A la orilla del temor,
cuesta arriba,
al aire flota, llevada de sinsentido
tu mirada sedienta, acribillada.

Bulles, en furia llagado,
compartiéndome de tus heridas.

Soy tu oquedad y quien tu sombra clama.

El pavor  de vernos, recíprocos espejos,
de seguir en la vertiginosa escapada,
y rompernos más que ayer.

Grita tu estar, estalla tu cruel alegría
ante ateridas llanuras carentes de respuestas.

Nada que decirte. Nada que atenúe
tu no saber.

Soy tu sombra, parte de tu vergüenza,
por quien el dique se quebranta,
en noches tentadas, mutiladas.

Soy tu oquedad. Soy tu pozo. Tu ceguera.
Tu existir onírico a la vera del nombrar,
quien aguarda sin certeza.

Soy tu sol negro. Tu inmolarte.
Andas en busca de mí, sin verme emanar
de tus poros.

Eres mi llanto detenido en abrupta cima.
Voz que llama ante muros ancianos,
que rasguñamos, doloridos.
Relámpago rompiente, enzarzado en batallas
lejanas de mi cuerpo.
Soy tu ojo de agua, tu tierra baldía.
Lo que vuelve a ser,
a contracorriente de una rabia espesa.

Al inicio de cada día cuentas tus años.
Derramas tu tiempo sobre mí.
Soy tu culpable y tu verdugo.
Cada noche me llevas en hondonadas.

Soy tu invención. Tu escultura. Eres mi
frontera rota. Soy extrañeza y lengua
impronunciada.

Te estremezco alevosamente,
disponiendo  tus olores abstractos a deleite.

Lanzas al viento todas tus rocas. Soy tu muralla,
frágilmente sostenida.

Tus dedos buscan ciegos la hendidura,
el develar de lo que en mis voces late.

Soy tu propia alma, dispersa, desgarrada.


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